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Esqueismo.

Verás.


Era inevitable.
Tenía que llegar el día.

 

No se me ocurre nada que contarte.
Pero aquí estoy, dándole vueltas a la cabeza.

 

A fin de cuentas, tengo un compromiso.
Conmigo.

 

Cuando todo esto empezó, me comprometí a escribir cada semana.

¿Por qué tenía que hacerlo?
¿Por qué tocaba?
¿Por qué alguien me lo pidió?

 

Nada de eso.

 

No me puedo permitir escribir solo cuando me apetece.
Créeme, excusas no me faltan:

Es que hoy he dormido poco.
Es que tengo mucho trabajo.
Es que… no se me ocurre nada.

Es que…
Es que…
Es que…

 

Te suena, ¿no?

 

Lo curioso de las excusas es que casi siempre son ciertas.
Te dan la razón.
Pero también te la quitan.
Porque dejas de hacer justo lo que te hace falta para ser un poco mejor, para estar un poco mejor.

 

Entonces, en mi caso, las excusas convierten el hábito de escribir en el hábito de no escribir.

 

Igual que entrenar.
O cocinar.
O cuidarte.

 

Y son los hábitos los que nos hacen estar donde estamos.
Los buenos… y los malos.

 

Siempre será más fácil repetir la alarma que madrugar para entrenar.
Pedir comida que prepararla.
Ver una serie que salir a pasear.

 

¿Quieres estar ahí?
Donde las excusas mandan.
Donde cada “mañana empiezo” se convierte en “ya es tarde”.

 

No me malinterpretes.
No se trata de ser perfectos.
Tomarse un helado con una sonrisa y sin culpa también es difícil.

 

Porque, al final, se trata de eso:
de ganar control sin perder la vida.

 

Y eso no se consigue en dos días.
Pero sí se puede empezar cada día.

Hoy, por ejemplo.

 

Así que aquí seguiré.
Dándole vueltas a la cabeza.

 

A ver si se me ocurre algo que contarte.

 

“Eres libre de elegir tus acciones, pero no de elegir las consecuencias.”
[Stephen R. Covey]

 

Feliz Semana.

Rober

 

PD: Nuestras formaciones no van de “cumplir”, sino de aprender a entrenar con criterio, incluso cuando no apetece.

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