Verás.
Si crees sólo en la suerte, mejor no sigas leyendo.
Te he avisado.
En el instituto intentaron enseñarme probabilidad, combinatoria y estadística.
Aprendí algo simple:
ganar la Lotería Nacional es casi imposible.
0,001%
¿La primitiva?
Peor.
0,000000715%.
¿Lo he calculado yo?
No, que soy discalcúlico.
Las Tragaperras tampoco las entiendo.
Bueno… un poco sí.
A ver, dime si me equivoco.
Paso 1: metes una moneda en una máquina que ha hecho otro para ganar dinero.
Paso 2: Le das al pulsador.
Paso 3: Esperas la combinación ganadora.
Paso 4: Pierdes.
Repite hasta que te toque algo.
No para que ganes, sino para que sigas jugando.
¡Qué suerte!
¿?
A veces compro cosas por internet.
Voy a recogerlo a un estanco que está cerca de mi casa.
Me llama la atención lo pulcro, limpio y colorido que está.
Lo contrario del tabaco.
Pero lo que más me sorprende es la cantidad de mensajes.
Muy,
muy,
pero que muy visibles.
Da igual donde mires, están ahí:
“Fumar mata”.
“Fumar mata”.
“Fumar mata”.
A ver, que ambiguo no parece.
Sin embargo, veo gente comprando.
Ignorando lo evidente.
Como en una tragaperras.
Igual es que el tabaco mata a otros.
A ti no.
Será eso.
Pero…
¿Qué sabré yo? Soy instructor de Pilates.
A mí háblame de movilidad, de fuerza, de equilibrio… de movimiento.
Y esto es lo que, a veces escucho:
«No hago Pilates porque no tengo flexibilidad».
«Este ejercicio no quiero hacerlo porque no tengo fuerza».
«¿Otra vez vamos a hacer equilibrio? Ya sabes que se me da mal».
Pues nada.
No entrenes.
No te incomodes.
No hagas nada.
Pídelo todo por internet.
Y lo vas a recoger al estanco.
Igual tienes suerte.
«Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada.»
[Mark Twain]
Rober.
PD:
Te voy a ser sincero.
Yo tuve suerte.
El Pilates apareció en mi vida en el momento justo.
Pero ahí se acabó.
El resto fue preparación.
Fue esfuerzo.
Hasta que me convertí en formador de una empresa internacional.
Ahora doy mis cursos.
A mi manera y para quien quiero.
La suerte es que tienes estos cursos a tu disposición.
Puedes dejar las cosas en manos del azar… o prepararte.
Tú decides.

