Verás.
De chaval me contaron una historia.
Seguro que tú también la conoces.
En casi todos los lugares tienen una parecida.
Va de una chica.
Hace autostop, el BlaBlaCar de antes, ya sabes.
Alguien para y la recoge.
En un momento del trayecto dice:
-Cuidado con la curva.
Vaya, sí que era peligrosa.
Cuando quien conduce quiere agradecerle la advertencia…
Ella ya no está sentada en el asiento…
Ha desaparecido.
…
Yo, en la curva, no me hubiera matado.
Pero del susto, casi seguro.
Hubo una temporada en que conducía bastante.
Ahora no.
Antes.
Hacía el mismo trayecto por una carretera secundaria.
Tramos estrechos, rectas cortas y curvas, en ocasiones, complicadas.
Conocía bien el camino.
Me gustaba.
Lo disfrutaba.
Algunos tramos me exigían más atención.
Otros no.
Nunca vi a nadie haciendo autostop.
Se ve que el “más allá” confiaba en mí.
La cuestión es que una cosa es conocer algo y otra diferente confiarse.
Te cuento esto porque…
En ocasiones estamos muy cómodos con nuestro ejercicio y entonces nos descuidamos.
El progreso no está en lo que conoces, sino en lo que pasas por alto.
¿Echo el aire al estirar o al doblar?
Da igual, primero baja los hombros.
¿Piernas juntas o separadas?
Antes apoya bien los pies.
No todo puede ser importante al mismo tiempo.
Pero sí es necesario saber cuál es tu “curva peligrosa”.
Ahí donde aparece la dificultad.
La que hay que trazar con mimo.
Y poner atención.
Para salir acelerando.
Entrena con otro espíritu.
Y si no, no te preocupes.
Cuando te despistes, la chica de la curva aparecerá.
Vestida de negro.
Con su camiseta de instructor.
«El mayor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, sino la ilusión del conocimiento.»
[Stephen Hawking]
Feliz semana.
Rober.
No podemos enseñarte a conducir, pero sí podemos prepararte y que enseñes a otros a trazar mejor sus «curvas».

