Verás.
Esto no es lo que parece.
Jerome Jacobs fue piloto de combate de la USAAF durante la Segunda Guerra Mundial.
Su madre, preocupada, le escribió:
«Hijo, vuela bajo y despacio.»
La receta perfecta para que le derribaran.
Despacio, el avión pierde sustentación.
Volar bajo te hace ser un blanco fácil.
A veces, lo prudente, aunque bien intencionado, te lleva de frente a lo que quieres evitar.
Por ignorancia.
Yo también caí en la trampa del “parece lógico”… esquiando.
Cuando aprendí, mi mayor preocupación era frenar.
En mi cabeza, echar el cuerpo hacia atrás era lo razonable.
Pues no.
Así vas más rápido.
Ahora ya lo sé.
Mejoré a base de técnica y equilibrio.
Hablando de equilibrio… ¿por qué no pruebas el tuyo ahora mismo?
Es un momento:
Ponte de pie.
Levanta una pierna.
Cierra los ojos.
Cuenta hasta 30.
Hazlo con la otra pierna… para comparar, ya sabes.
¿Cómo te ha ido?
Este ejercicio te ayuda con la propiocepción.
Además, estarás más fuerte y estable cada vez que te toque estar a la pata coja.
¿A la pata coja?
Sí, a la pata coja.
Puedes estar pensando: “Nunca estoy a la pata coja.”
A ver… salvo que te muevas como un conejo, dando saltitos, en cada paso estás apoyado solo sobre una pierna.
“Bueno, pero eso es un momento.”
Sí, claro.
La media son 7000 pasos al día (muy poco, por cierto).
Unos 35 minutos.
5 días enteritos al año.
Por pierna.
Ya te lo dije: las cosas no siempre son lo que parecen.
¿Y qué?
La pelvis es la base que sostiene tu columna.
Si cada vez que das un paso, tu cadera no puede mantenerla nivelada, tu zona lumbar se cae.
7000 veces.
Cada día.
No parecía tanto, ¿verdad?
Ni volamos bajo, ni vamos despacio.
Avanzamos con criterio.
Por eso, en nuestras clases entrenamos la estabilidad invisible que sostiene la fuerza visible.
“Lo esencial es invisible a los ojos.”
[Antoine de Saint-Exupéry]
Escritor y piloto francés
Rober.

